Que Pasó?
- Marina Weiskal
- 14 ene
- 1 min de lectura
Había una vez un mundo lleno de arte. No porque todos pintaran o escribieran, sino porque todo se hacía con intención. Cada gesto tenía peso, cada objeto una historia, cada silencio un sentido. Crear no era un lujo ni un oficio aislado: era una forma de estar en el mundo.
Con el tiempo nos volvimos rápidos. Empezamos a confundir eficiencia con sentido y ruido con presencia. El ritual fue reemplazado por la prisa, el símbolo por el consumo. El arte dejó de ser una manera de mirar y pasó a ser algo que se produce, se exhibe y se descarta.

No fue que perdiéramos el talento. Perdimos el tiempo para detenernos, la atención para mirar y el asombro para dejarnos afectar. Empezamos a opinar más de lo que contemplamos, a compartir más de lo que habitamos.
Sin embargo, el arte no desapareció. Se replegó. Vive en quienes todavía se detienen, en quienes se permiten dudar, en quienes miran hondo en un mundo que insiste en la superficie.
Tal vez no nos pasó nada definitivo. Tal vez solo olvidamos que el arte comienza cuando dejamos de correr.


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